sábado, 9 de abril de 2011

Evidencias circunstanciales del Libro de Mormón

Traducido con el amable permiso de Jeff Lindsay de su página personal http://www.jefflindsay.com/.

Esta entrada está traducida de http://www.jefflindsay.com/bme12.shtml. Para los Santos de los Últimos Días que hablan español y no conocen el inglés.










En The Prophetic Book of Mormon: New Approaches to Book of Mormon Study, Hugh Nibley realiza una excelente observación acerca de las evidencias indirectas y circunstanciales para la autenticidad del Libro de Mormón (p. 71):

Evidencia circunstancial. Totalmente aparte de los contenidos del Libro de Mormón y de las evidencias externas que pudieran apoyarlo, existen ciertas circunstancias referentes a su producción que no se pueden explicar sobre otras bases que las dadas por José Smith. Se pueden enumerar brevemente:

1. Existe el testimonio de los testigos.
2. La juventud y la inexperiencia de José Smith en el momento en que tomó plena responsabilidad de la publicación del libro - prueba (a) que no pudo haberlo producido por si mismo y (b) que no estaba actuando para alguien más, pues su conducta mostró siempre una sorprendente independencia.
3. La ausencia de notas y fuentes.
4. El corto tiempo de producción.
5. El hecho de que sólo exista una única versión del libro publicado (con cambios menores en cada edición). Esto es lo más significativo. Ahora se sabe que el Corán, el único libro que reclama igual grado de certeza e inspiración divinas, se reeditó al menos tres veces en vida de Mahoma. Lo que nos conduce a:
6. La posición indubitable e inmutable de José Smith referente a sus revelaciones, posición que sorprendía a Eduard Meyer más que otra cosa [1]. Desde el momento en que salió a la luz el Libro de Mormón, José Smith nunca dejó de llevarlo al extranjero, y nunca cambió su actitud hacia ello. ¿Qué escritor creativo no se avergonzaría de la producción de tal juventud e inexperiencia después de veinte años? ¿Qué impostor no estaría despierto noches seguidas preocupándose de los deslices y errores de este producto masivo y pretencioso de su indiscreción y picardía juveniles? Pero puesto que el profeta recibía revelaciones de continuo, nada habría sido más fácil, tenido la menor sombra de duda que publicar una edición nueva, revisada, y mejorada, o renombrar totalmente el libro, limitar su circulación, decir que consistía de misterios sólo al alcance de los no iniciados, decir que sólo se debiera interpretar en un sentido "religioso", o sustituida por algo más. Los Santos que creían al Profeta, eran los únicos que tomaban el libro seriamente de alguna manera.
7. Nunca ha habido un hálito de misterio alrededor del Libro de Mormón; No ha habido secretismo relacionado en el tiempo se su publicación o en la actualidad; existe una completa falta de sofistería o política en los análisis del Libro de Mormón; no juega ningún papel en la historia de la Iglesia como títere; nunca hay disputa sobre su naturaleza o contenidos entre los líderes de la Iglesia; nunca hay manipulaciones, explicaciónes o compromisos. El libro ha disfrutado de ventas ilimitadas en todas las épocas.
8. Por último, aunque el éxito del libro no es prueba de su divinidad, el tipo de persona que lo ha pedido leer - sincero, sencillo, directo, sumamente equilibrado, y nada místico - es evidencia circunstantial de su honradez. Tiene unos seguidores muy vigorosos.
Citas:

1. Eduard Meyer, Ursprung und Geschichte der Mormonen (Halle: Niemeyer, 1912), 59-83, esp. 72, 80-83; publicado también como The Origin and History of the Mormons, tr. H. Rahde and E. Seaich (Salt Lake City: University of Utah Press, 1961), 37-56.
De estos puntos, destaquemos el primero, la existencia de testigos. Si el Libro de Mormón fuese un fraude, seguro que José Smith lo hubiera mantenido en secreto. Pero reunió en torno a él a múltiples personas que vieron y ojearon las planchas y que permanecieron leales a ese testimonio hasta el fin de sus vidas, aunque muchos de ellos fueron infelices con José Smith a causa de que sufrieron gran persecución por su testimonio. Ni ganaron dinero, ni consiguieron poder pero a pesar de ello nunca negaron su testimonio. Consideremos a Martin Harris, descrito como honrado y respetable incluso por los antimormones que lo conocieron. Fue hombre de probada integridad en su comunidad, un hombre respetado y exitoso que sacrificó mucho para ayudar a avanzar el Libro de Mormón. Pero estaría más tarde en desacuerdo con las normas de la Iglesia y se le excomulgó en 1837. A pesar de eso expresó repetidamente su testimonio del Libro de Mormón, que había visto un ángel, había tocado y ojeado las planchas y sabía que era divino. Su testimonio se ratificó incluso en su lecho de muerte.
Los tres testigos vieron un ángel y las planchas, otros ocho las ojearon y dieron testimonio formal de ello y otro puñado, incluida Emma, la esposa de José, fueron testigos de la realidad física de las planchas de oro y de la divinidad del Libro de Mormón. Ninguno de los testigos negó la autenticidad y la divinidad de ese libro. ¿Qué embaucador tan loco permitiría que otros supieran de su fraude, que pudiera tener cómplices para sacrificar a todos y que mantengan repitiendo la mentira - incluso después de haberse indispuesto y amargado con la fuente de la mentira? ¿Qué estafador se permitiría el lujo de obligar a sus camaradas conspiradores, cuando al final todos tendrían que admitir que todo el mundo sospechaba que era fraude y brindar una suave venganza para los que fueron arrastrados a ellos?
Sencillamente no tiene sentido que el Libro de Mormón fuera un fraude. Deténganse en pequeñeces del idioma de la versión del rey Jacobo I u otros detalles, pero cómo se puede explicar convincentemente el elemento más básico aquí descrito: la realidad y la divinidad de un antiguo registro tiene múltiples testigos fidedignos que insistieron que el Libro de Mormón era verdadero hasta el final de sus vidas. ¿Cómo puede se puede ignorar tal testimonio?
Los testigos no eran granujas de mala reputación en sus comunidades, sino que eran personas respetadas que arriesgaron y perdieron mucho por su apoyo al Libro de Mormón. Consideren el testimonio de muchas personas no mormonas referentes a Martin Harris, como lo documentó Milton V. Backman, Jr., en Eyewitness Accounts of the Restoration (Salt Lake City: Deseret Book Co., 1983), pag. 144 - 145:

Después de convertirnos en amigos cercanos o conocidos de varios testigos del Libro de Mormón, muchas personas no mormonas también declararon que los testigos que conocían, eran hombres de integridad. Ningún individuo que tuviera sólo un leve trato con esos hombres escribió que fueran deshonestos, de sinceridad fingida o jueces incompetentes de los sucesos. En vez de denunciar su carácter, muchos críticos de la Iglesia que conocieron a los testigos, declararon que eran individuos dignos de confianza. En 1830, por ejemplo, Martin Harris viajó a Geneva, New York, en un intento de asegurar un préstamo de 13.000 dólares de Charles Butler, financiero y filántropo que fundó la Union Theological Seminary. Butler escribió que Harris le trajo una carta de presentación de Mr. Jessup (probablemente Henry Jessup), prominente líder de la Iglesia Presbiteriana. Butler dependia de las recomendaciones de Jessup respecto del carácter y estado financiero de quienes buscaban préstamos en el área de Palmyra. Según Butler, Jessup presentó a  Martin Harris como un "granjero muy digno e importante, que poseía una granja muy excelente que tenía una seguridad muy amplia para la suma de dinero que deseaba obtener." Aunque a Butler le impresionó favorablemente las credenciales de Harris, el financiero decidió no concederle el préstamo cuando se enteró que el dinero se destinaría para la publicación de la  "Biblia Mormona. " [1]

Además de Henry Jessup, otros que vivían en Palmyra juzgaban que Martin Harris era honrado y responsable. En 1829, el Palmyra Freeman informaba que uno de los pocos individuos que creían en la historia de la  "Biblia Dorada" era Martin Harris, "granjero honrado e industrioso" de Palmyra. [2] Mientras viajaba por el oeste de New York en 1831, James Gordon Bennett, periodista del New York Courier and Enquirer supo de los que le entrevistaron que Martin Harris tenía reputación de ser "granjero respetable . . . muy trabajador . . . importante" y se le conocía por su "sobriedad." [3] Cuando Martin Harris dejó Palmyra para reunirse con los Santos de los Últimos Días en Ohio, el Wayne Sentinel informó que Harris fue uno de los primeros colonizadores de ese pueblo y "siempre ha ostentado el carácter de ciudadano honorable y honrado". [4] Y después de publicar el testimonio de los tres testigos en su historia del mormonismo, Pomeroy Tucker escribió: "Cómo reconciliar el hecho de que Harris firmó su  nombre a tal afirmación, en vista del carácter de honestidad que siempre se le ha concedido, es algo que no se puede explicar fácilmente." [5]
Referencias citadas por Backman:
  1. Parte del escrito a máquina se encuentra en la Charles Butler Collection, Library of Congress.
  2. "Golden Bible," Rochester Advertiser and Telegraph, August 31, 1829, reimpresión de un artículo publicado en el  Palmyra Freeman.
  3. Leonard J. Arrington, "James Gordon Bennett's 1831 Report on 'The Mormonites," BYU Studies 10 (Spring 1970):355, 358 y Hillsborough Gazette (Ohio), October, 29, 1831.
  4. Wayne Sentinel, May 27, 1831.
  5. Tucker, Origin, Rise and Progress of Mormonism, pp. 69-71. Para más referencias de que Harris era "considerado un ciudadano honrado, industrioso por sus convecinos" véase E. D. Howe, Mormonism Unvailed, p. 13 y Palmyra Courier, May 24, 1872.
Richard Lloyd Anderson en Investigating the Book of Mormon Witnesses (Salt Lake City: Deseret Book Co., 1981, pp. 101-103) también analliza el testimonio de no mormones respecto a Martin Harris:
El homenaje más inusual a este testigo del Libro de Mormón viene de un obituario escrito treinta y cuatro años antes de su muerte. Probablemente a causa de actividades de otro Harris, el informe se esparció por todos los periódicos de Estados Unidos en 1841, diciendo que Martin Harris había sido asesinado en Illinois por hablar contra el mormonismo. Esto lo corrigió enseguida el Painesville Telegraph, que reportaba desde la residencia de Harris en Ohio que aún estaba vivo para leer "lo que se decía de él después de muerto." Mientras tanto Alvah Strong en Rochester se había basado en la historia de circulación nacional del asesino y había escrito una detallada estimación de su conocimiento cercano. Strong, distinguido editor y líder de la comunidad respetado en Rochester, había trabajado antes como joven impresor en Palmyra inmediatamente después de la publicación del Libro de Mormón y durante el apogeo de la prédica pública de Martin Harris en esa comunidad. Basándose en esto y otro conocimiento personal, resumió la admiración por este testigo y el prejuicio contra su testimonio que caracterizaba a la comunidad que lo conocía:
"Hemos recordado al Señor Harris como un hombre honrado. Nos familiarizamos con él en Palmyra, en la primavera de 1828, poco después de que se encontraran las planchas de las que se dijo que se habían traducido el Libro de Mormón. . . . Aunque iletrado y de actitud supersticiosa, había mantenido largamente un carácter irreprochable de probidad. . . . Sus vecinos y conciudadanos con los que trabajó incesantemente y con gran seriedad, lo recordaban más como un ser crédulo que deseoso de engañar a otros conscientemente; pero aún se le expuso a muchas mofas e increpaciones, las cuales las soportó con la mansedumbre que la convertiría en mejor causa." [Rochester Daily Democrat, June 23, 1841.]
Su éxodo de Palmyra ocasionó un conmovedor homenaje delante del público por  E. B. Grandin, editor del Wayne Sentinel en los años cruciales entre 1827 y 1832 e impresor del Libro de Mormón. Grandin quizá conocía a Harris más íntimamente que cualquier otro no mormón. El diario de Grandin revela a Harris como un hombre meditabundo y religiosamente independiente. Este editor pintó la despedida de Martin Harris para Ohio con otros Santos de los Últimos Días en 1831. Es impresionante que la aprobación directa de honradez del financiero del Libro de Mormón provenga del hombre con quien tuvo continuas relaciones de negocios. Martin Harris aprobó esta prueba práctica con distinción:
"El Señor Harris se encuentra entre los primeros habitantes de esta ciudad, y ha portado siempre el carácter de hombre honrado y honesto y un vecino dispuesto y benevolente. Ha obtenido una fortuna respetable con trabajo honrado y ha dejado un gran círculo de allegados y amigos." [Wayne Sentinel, May 27, 1831.]
Orasmus Turner, quien había sido aprendiz de impresor en Palmyra, escribió negativamente del Mormonismo en 1852, pintando a Harris como un fanático que, sin embargo, era "el propietario de una buena granja y un ciudadano digno y honrado" (O. Turner, History of the Pioneer Settlement of Phelps and Gorham's Purchase (Rochester, 1852), p. 215,  citado por R.L. Anderson, "Martin Harris: The Honorable New York Farmer," Improvement Era, Vol. 72, No. 2 (Feb. 1969), pp. 18-21).
Testimonios parecidos de personas de fuera de la Iglesia se ofrecieron para el carácter de Oliver Cowdery y de  David Whitmer (cita de Backman, pp. 146-148):
Después de dejar la Iglesia en 1838, Oliver Cowdery establecíó cálidas amistades con un número de no miembros. Samuel Murdock, abogado que se llegó a ser "íntimo allegado" de Cowdery mientras residía en Kirtland, escribió que estaba en deuda con él por su "especial bondad" y "las muchas lecciones de instrucción" que recibió de él. Murdock concluyó que Oliver Cowdery era uno de los individuos más "amables, generosos, y de gran corazón" que jamás hubiera conocido. [1] El juez William Lang, socio de bufete de Oliver Cowdery en Tiffin, Ohio, escribió que se le confiaban muchas oportunidades "de estudiar y amar su noble y verídica humanidad." Según Lang, Cowdery era "un abogado capaz y gran defensor. . . . Era modesto y reservado, nunca hablaba mal de nadie, [y] nunca se quejaba." [2] Poco después de que Oliver Cowdery se mudara de  Tiffin, el Seneca Advertiser informaba que se había nominado a Cowdery como el candidato demócrata para la cámara de Representantes en Wisconsin. Durante sus siete años de residencia en Tiffin, el artículo proseguía,
nuestro estimado amigo . . . se ganó una envidiable distinción en este lugar y de su circuito judicial como un abogado sólido y capaz y como un ciudadano altamente estimado. Su honradez, integridad y laboriosidad eran dignos de imitación para todos, mientras que sus incuestionables capacidades reflejaban crédito tanto para si como para la profesión de la que era miembro. [3]
Al enterarse de la muerte de Oliver Cowdery, La Ray County Missouri Bar Association declaró formalmente que "la abogacía había perdido a un miembro cumplidor y la comunidad a un ciudadano digno y valioso." [4] Y el Seneca Advertiser declaró que "se apenaron al conocer . . . de la muerte de  . . . (su) muy estimado amigo y ciudadano formal cercano, Oliver Cowdery. . . . Era un hombre de una gran capacidad, y durante su residencia entre nosotros se ha granjeado el cariño de todos los que le conocieron en los tratos de la vida privada y social." [5]
También no miembros de la Iglesia certificaron que John y David Whitmer eran "verídicos, honrados, y ciudadanos respetuosos de la ley." Después de vivir en Richmond, Missouri, durante 43 años, David Whitmer obtuvo las firmas de 22 prominentes ciudadanos de esa ciudad, incluyendo al alcalde, abogados, jueces, banqueros, comerciantes, y funcionarios públicos que verificaron que  "lo habían tratado larga e íntimamente" y sabían que "él era un hombre de gran integridad y de indudable verdad y veracidad." [6] Pocos días después de su muerte, el Richmond Democrat publicó un artículo que expresaba aparentemente las opiniones de muchos amigos de David Whitmer respecto de su carácter y su testimonio del Libro de Mormón.
No ha habido hombre aquí que hubierra entre nuestro pueblo más amigos y muy pocos enemigos. Honrado, concienzudo y honesto en todos sus tratos, justo en el juicio de sus semejantes, y abierto, varonil y franco en su trato, hizo amigos duraderos que lo amaron hasta el fin . . .
Los escépticos se podrán burlar y mofar si quieren, pero ningún hombre puede escuchar al señor Whitmer cuando habla de su entrevista con el ángel del Señor, sin ser conavencido a la fuerza de que había ído a un hombre honrado decir lo que honradamente cree que es la verdad. [7]
A causa de que se han preservado más de cien declaraciones personales o descripciones de entrevistas con los tres testigos  (y también existe el testimonio adicional de otros ocho testigos), el testimonio de los testigos del Libro de Mormón es el mejor documentado que cualquier otra declaración de revelación directa de la historia del mundo. [8] La sorprendente armonía de informes de diferentes épocas y circunstancias, junto con numerosas referencias en cuanto al carácter que retratan a los testigos como hombres de integridad, es una evidencia concluyente de la veracidad de los testimonios publicados en el Libro de Mormón. Estas numerosas afirmaciones y entrevistas también sirven como evidencia de que la amarga persecución, las pruebas económicas, la crítica pública, y la apostasía de la Iglesia los once testigos nunca desviaron su convicción de que cuidadosamente examinaron las planchas de metal, y de que el Libro de Mormón fue producto de la traducción de ese registro. Incluso cuando seis de los once rechazaron el liderismo de José Smith a fines de la década de 1830, ninguno de ellos negó su convicción de la autenticidad del Libro de Mormón. Los testimonios publicados de los once testigos nos habilita a comprender mejor el único suceso de la historia eclesiástica de la humanidad y dar sustento al testimonio de José Smith de que once hombres examinaron de hecho el antiguo registro que tradujo  "por el don y poder de Dios."
Referencias citadas por Backman:
  1. Samuel Murdock al Editor de Dubuque Daily Times, April 13, 1893, citado en R. Etzenhouser, From Palmyra, New York, 1830, to Independence, Missouri, 1894 (Independence, Mo.: Ensign Publishing House, 1894), pp. 338-41.
  2. W. Lang, History of Seneca County (Springfield, Ohio: Transcript Printing Co., 1880), pp. 364-65.
  3. The Seneca Advertiser (Tiffin, Ohio), May 5, 1848, p. 2.
  4. Circuit Court Journal, Ray County, Missouri, March 5, 1850. Para más referencias del carácter de Oliver Cowdery y sus actividades después de que dejó la Iglesia, véase Richard L. Anderson, Investigating the Book of Mormon Witnesses (Salt Lake City: Deseret Book Co., 1981), pp. 38-44.
  5. The Seneca Advertiser (Tiffin, Ohio), November 1, 1850, p. 2.
  6. Anderson, Investigating the Book of Mormon Witnesses, pp. 72-76, 131-33. La afirmación respecto del carácter de David Whitmer firmada por veintidós prohombres de Richmond, Missouri, se publicó en el Richmond Conservator, March 25, 1881, y en un panfleto escrito por David Whitmer, Address to All Believers in Christ, pp. 9-10. Se conserva una fotocopia del documento en los Archivos de la Iglesia y en Ebbie L. V. Richardson, "David Whitmer: A Witness to the Divine Authenticity of the Book of Mormon" (Master's thesis, Brigham Young University, 1952.) Véase también el Apéndice F de Backman.
  7. Richmond Democrat, January 26, 1888, y reeditado February 2, 1888, en el mismo periódico. Véase también Richmond Conservator, January 26, 1888. El Richmond Conservator informaba que David Whitmer había vivido en Richmond durante 46 años  "sin mancha o tacha." Gozaba de la "confianza y la estima de sus vecinos," añadía este informe, y se le consideraba "un buen ciudadano." (Richmond Conservator, August 22, 1881.)
  8. Anderson, Investigating the Book of Mormon Witnesses, p. 79.
Poco antes de la muerte de Whitmer, the Chicago Tribune Correspondent publicaba sobre él:
David Whitmer, el último de los tres que testificaron de la verdad del Libro de Mormón, se encuentra moribundo en su casa de Richmond. Anoche llamó a su familia y a sus amigos a la cabecera de su cama, y compartió el testimonio de la verdad del Libro de Mormón y de la Biblia. (Chicago Tribune Correspondent, 23 January 1888, citado en Lyndon W. Cook, David Whitmer Interviews: A Restoration Witness (Grandin Book Co., 1993), p. 220, y citado en la página de Mike Ash "Book of Mormon Criticisms: David Whitmer.")
Después de su muerte otro periódico, el Richmond Conservator, traía este informe:
El domingo por la noche antes de su muerte llamó a su familia y a su médico de cabecera el Dr. George W. Buchanan a la cabecera de su cama y dijo, "Doctor, ¿considera que estoy en mis cabales?" a lo que el doctor replicó: "Sí, se encuentra en sus cabales, acabo de tener una conversación con usted." Luego se dirigió a todos los presentes y dijo: "Quiero dar mi último testimonio. Deben ser fieles en Cristo. Quiero decirles que la Biblia y el registro de los nefitas, (El Libro de Mormón) son verdaderos, por lo que pueden decir que me han oído proclamar mi testimonio en el lecho de muerte...."
El lunes por la mañana de nuevo llamó a los que estaban presentes al lado de su cama, y les dijo que había visto otra visión que le reconfirmaba la divinidad del "Libro de Mormón," y dijo que había visto a Cristo en la plenitud de  su gloria y majestad, sentado sobre su trono blanco en el cielo, esperando recibir a sus hijos. (Richmond Conservator Report, 26 January 1888, citado n Cook, p. 226, tal como se cita en la página de Mike Ash "Book of Mormon Criticisms: David Whitmer; véase también Andrew Jenson, Latter-day Saint Biographical Encyclopedia: A Compilation of Biographical Sketches of Prominent Men and Women in the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 4 vols, Salt Lake City, p. 269.)
Para más detalles impresionantes, por favor véanse las siguientes páginas:
Desafía la lógica que hombres de carácter generalmente elogiados pudiean ser parte de una combinación fraudulenta que no les atraería ninguna ganancia y luego quedarse esa combinación y salir de ella para refrendar el fraude hasta el fin de sus días, aún después de volverse decepcionado con el organizador a quien se habían opuesto en otras cuestiones. Tendrían todos los motivos para exponer a José Smith como fraude, si su testimonio no fuere verdadero. La fiabilidad y coherencia del testimonio del Libro de Mormón exceden todas las normas legales para un testimonio fidedigno. No se puede ofrecer motivo alguno de sus testimonios en sus vidas que la de su integridad ampliamente reconocida, causándoles mantener su posición a causa de lo que sabían que era cierto, a pesar de todas las dificultades que les ocasionaron.
Muchos anti-mormones han tratado de desacreditar a los testigos, pero sus esfuerzos requieren el abandono de lo que los testigos bien conocían: la honestidad y la honradez. Hasta la fecha ningún crítico antimormón ha podido refutar o explicar convincentemente la abrumadora evidencia en derredor del testimonio de los numerosos testigos del Libro de Mormón. De hecho, cuando los antimormones intentan desacreditar a los testigos, casi universalmente alegan que  la masiva documentación de Richard L. Anderson y otros serios eruditos sobre este tema no existe. Más que confrontar la erudición existente, tratarán de ridiculizar a los testigos con pocas nociones insidiosas acerca de su baja inteligencia, relaciones familiares (varios de los ocho testigos tenían relaciones mutuas), ilusiones hipnóticas, o de que algunos de ellos dejaron la Iglesia, tratando falsamente sugerir que habían negado su testimonio del Libro de Mormón, etc. Pero el documento es claro: ningún testigo jamás negó su testimonio del Libro de Mormón, y muchos les oyeron repetir su testimonio hasta el fin de sus vidas. Sólo se puede concluir lo obvio: esas personas vieron las planchas de oro y supieron sin ninguna duda que procedían de Dios. Si el lector está de acuerdo con algo más de lo que José Smith hizo o dijo, es el momento de reconsiderar la posibilidad de que el Libro de mormón es un auténtico registro divino con apoyo fidedigno y convincente. Afortunadamente, la verdad sobre los testigos del Libro de Mormón es el convincente relato de hombres de noble integridad y valor que proclamaron elo testimonio de algo divino.

miércoles, 23 de febrero de 2011

¿Qué conocimiento tenía José Smith de Mesoamérica?

Traducido con el amable permiso de Jeff Lindsay de su página personal http://www.jefflindsay.com/.


Esta entrada está traducida de http://www.jefflindsay.com/bme11.shtml. Para los Santos de los Últimos Días que hablan español y no conocen el inglés.

Mesoamerica se ha convertido en el punto principal para entender el Libro de Mormón. La obra de referencia de John Sorenson  An Ancient American Setting for the Book of Mormon (Salt Lake City: Deseret Book, 1985), demuestra cabalmente que existe un asentamiento geográfico y cultural plausible en que puede contextualizarse el Libro de Mormón--aunque no muchas ideas equivocadas sobre la perspectiva del Libro de Mormón. Mientras que el Libro de Mormón toma sentido a la luz de los descubrimientos modernos de los modelos de sociedad, arte de la guerra, comercio, alfabetización, construcción de templos y otros elememtos de la antigua Mesoamérica, y mientras que el único asentamiento plausible para el Libro de Mormón es una pequeña porción del Nuevo Mundo centrado en Mesomérica, alrededor del Istmo de Tehuantepec, es importante entender que José Smith no tuvo acceso a este conocimiento. Él tradujo el libro, pero no sabía nada del alcance de su geografía.

Muchos de los primeros líderes de la Iglesia asumían sencillamente que el Libro de Mormón trataba a todos los americanos y a a todos los antepasados de los indios. Cuando se supo de la culturas mesoamericanas en la década de 1841-50, hubo un interés entusiasta en Mesoamérica por la posible localización geográfica del Libro de Mormón, pero este interés se cortó por la dificultades que pasó la Iglesia: el martirio de José Smith, el cruzar las llanuras, la lucha por sobrevivir ante las presiones del gobierno de Estados Unidos, etc. No fue hasta principios del siglo XX que el tema de la geografía del Libro de Mormón se convirtió en objeto de serio estudio por los eruditos y estudiosos que vieron que se debían reformular los antiguos conceptos. El resultado ha sido un consenso amplio para un espacio geográfico limitado en Mesoamérica.
Tanto debido a la evidencia que apunta más a Mesoamérica como el único candidato serio para la ubicación geográfica del Libro de Mormón, como a  la información acerca de la cultura y vida antiguas en Mesoamérica, y  proveen paralelismos adicionales coherentes con el Libro de Mormón, es el momento que los críticos consideren cuánto pudo haber inventado José Smith de sus conocimientos de Mesoamérica. Lo cierto es que Mesoamérica no estaba en el centro de los pensamientos de José Smith, al menos no hasta que obtuvo de información reciente disponible acerca de esa parte del mundo que se divulgó DESPUÉS de la publicación del Libro de Mormón. John L. Sorenson da una visión importante sobre este tema en su artículo, "The Book of Mormon as a Mesoamerican Record," en Book of Mormon Authorship Revisited, ed. Noel B. Reynolds (Provo, UT: FARMS, 1997) p. 395:

Hubo un breve episodio en Nauvoo cuando hubo nueva atención en la geografía nefita. El libro popular de John Lloyd Stephens, Incidents of Travel in Central America, Chiapas and Yucatan (New York, 1841), llegó a la posesión de los libros de la Iglesia en 1842. Constituyó el primer cuerpo de información de cierta importancia del cual, junto con la mayor parte de las personas del mundo de habla inglesa, pudieron aprender acerca de algunas de las espectaculares ruinas de Mesoamérica. El periódico de los santos Times and Seasons, publicó selecciones del libro. El élder Orson Pratt recordó más tarde: "La mayoría de los descubrimientos efectuados por Catherwood  y Stephens eran originales ... [i.e.] no se habían descrito por otros viajeros" [Millennial Star, Vol. 11, No. 8, 15 April 1849, p. 116]. El biógrafo de Stephens confirma el recuerdo de Pratt': "La aceptación de una 'civilización india' exigía al americano que vivía en 1839 [cuando la primera edición del libro de Stephens apareció en Inglaterra], una completa reorientación, porque para él un indio era  uno de esos bárbaros que moraban en tipis contra los que se desarrollaban constantes guerras.... A nadie se le pasaba por la cabeza llamar a otros [por ejemplo, a los mesoamericanos] habitantes indígenas del continente 'civilizados.' En su generalizada opinión eran como sus equivalentes norteamericanos -- salvajes" [Victor Wolfgang Von Hagen, Maya Explorer: The Life of John Lloyd Stephens, Norman, Oklahoma: University of Oklahoma Press, 1948, p. 75]. Los entusiastas comentarios publicados en Nauvoo mostraron que a los líderes de la Iglesia, incluyendo a  José Smith, les estimuló inmensamente la nueva información. Pocas semanas después anunciaron que acababan de descubrir, al leer el libro de Stephens, que la primera tierra madre de los nefitas debió haber sido América Central, no Sudamérica. [Véase Times and Seasons, Vol. 3, No. 22, 15 Sept. 1842, pp. 921-922. Más tarde, el ejemplar del 1 de Octubre indicaba que los editores habían aprendido otro hecho importante respecto al Libro de Mormón del estudio de la obra de Stephens,  a saber, que "America
Central o Guatimala [sic]" era el lugar donde había estado la ciudad de Zarahemla. Mapas de Guatemala de esa época tendían a mostrar a Chiapas en el sur de México como parte de Guatemala, según Sorenson.] Implicaba que Sudamérica no podía necesitar el mayor grado de probabilidad, o quizá no totalmente. (También implica que la antigua interpretación no la consideraban que les hubiera venido por revelación.)
Los líderes de la Iglesía no conocían los detalles geográficos del Libro de Mormón caundo se publicó, pero estaban felices de conocer nuevos descubrimientos de antiguas civilizaciones que tenían coherencia con las descritas en el Libro de Mormón--coherencia que se ha visto fortalecida desde entonces. Pero esa chispa de visión se desvaneció y durante décadas las membresía de la Iglesia pensaba que el Libro de Mormón trataba de todo el Nuevo Mundo. Pero una lectura cuidadosa del texto claramente demanda un lugar geográfico restringido, y Mesoamérica es la principal candidata.
Existen críticas antimormonas que dicen que era fácil para José Smith escribir sobre grandes ciudades y civilizaciones en la antigua América. Pero las civilizaciones de Mesoamérica y del Libro de Mormón eran un  mundo aparte de las tribus que José pudo haber conocido en Nueva York. De hecho, cuando se publicó el Libro de Mormón, la idea de antiguas civilizaciones avanzadas en el continente americano era tan profundamente extraña que los testigos del Libro de Mormón esperaban que el público lo rechazara. David Whitmer, en una entrevista con James H. Hart en 1883, dijo:

Cuando a nosotros [los testigos] se nos dijo publicar nuestro testimonio, estábamos seguros de que el pueblo no lo creería, porque el Libro de Mormón hablaba de un pueblo que se refinó y habitó en grandes ciudades; pero el Señor nos dijo que debíamos darlo a conocer, y el pueblo encontraría evidencia de la verdad de lo que está escrito en el Libro de Mormón.

(Entrevista con James H. Hart, Richmond, Mo., Aug. 21, 1883, citado en el libro de notas de Hart, reimpreso en Lyndon W. Cook, David Whitmer Interviews: A restoration Witness (Orem, Utah: Grandin Book, 1991), p. 76, y citado por Daniel C. Peterson, FARMS Review of Books, Vol. 9, No. 1, 1997, p. xxvi.)
Al empezar las obras publicadas de Stephens a educar al mundo acerca de la grandeza de las antiguas civilizaciones precolombinas, José Smith y los testigos aún no lo conocían en 1830 al publicarse la primera edición del Libro de Mormón. ¿Cómo pueden los críticos explicar los muchos paralelos entre el Libro de Mormón y Mesoamérica--las ciudades, templos, sacerdotes, reyes, mercados, calzadas, clases sociales, literatura, estrategias bélicas (incluiso la guerrilla), la existencia de sociedades secretas, el mal del sacrificio humano, etc.--que son tan atípicos de los indígenas que José Smith pudo haber conocido? Si José extrajera el Libro de Mormón de su propio entorno y conocimiento, ¿por qué es Mesoamérica tan buen referente que encaja? ¿Y cómo podría que encaje en todo, cuando existía tan poca información cuando se publicó el Libro de Mormón? Si José hubiera sacado una novela de ficción basándose en lo que el conocía, ¡qué estúpido parecería que hubiera escrito sobre algo tan diferente de las tribus que vivían en Nueva York!
Los críticos reclaman que la idea de que los indíos americanos provenieran de Israel fuera común en 1830 y de que José Smith simplemente pudiera haber maquillado la historia basándose en ideas populares acerca de los orígenes de los indios americanos y acerca de sus leyendas que sugerían como que Cristo habría visitado América (por ejemplo, las leyendas de Quetzalcoatl). De nuevo, existe poca base para tales conclusiones, pues las visiones populares sobre esos temas no podrían a José Smith a crear el Libro de Mormón. Existe una gran abismo entre los pueblos descritos en el Libro de Mormón y los iroqueses u otras tribus que pudo haber conocido José Smith. No fue hasta las publicaciones de Stephens y otros DESPUÉS DE 1830 que los Santos de los Últimos Días pudieron ver una seria relación entre los antiguos habitantes de América y el Libro de Mormón.
Sorenson (ibid., p. 489) ofrece datos adicioanles sobr el estado prevaleciente del conocimiento de los antiguos indios americanos cuando salió a la luz el Libro de Mormon:

El generalizado bajo nivel de información pública y el
"de hecho" caótico revoltijo  sobre pobladores precolombinos en América que prevalecía en el tiempo de José Smith se ilustra en el libro de Josiah Priest, American Antiquities and Discoveries in the West... (Albany: Hoffman and White, 1833). En este crédulo maremagnum de opiniones y selecciones de muchos libros, principalmente de los estados del este de Norteamérica, cree que  "no sólo las naciones asiáticas inmediatamente del diluvio" sino también "los polinesios, malayos, australianos, fenicios, egipcios, griegos, romanos, israelitas, tártaros, escandinavos, daneses, noruegos, galeses y escoceses habían colonizado diferentes partes del continente" (p. iv). "Todos los principios de la escuela estoica griega se encontraban en la práctica de los americanos salvajes" (p. 386). Priest cita a Humboldt de formas curiosas. La página 246 reproduce el dibujo del calendario azteca, y lo cita como fuente para la suposición de Priest de que Quetzalcoatl, lejos de identificarlo como Jesucristo, era un misionero budista o brahman de la India (p. 206), y paradójicamente, también creía que este "hombre blanco barbado" procedía de alguna del Océano Pacífico "del nordeste de Asia" cuyos habitantes eran más civilizados que los chinos (p. 208). Clavigero es la fuente para su noción de que los aztecas vinieron de la costa china por mar cerca del estrecho de Bering para luego dirigirse a México (p. 272). El simbolismo cristiano llegaría via cristianos nestoriano de Asia que llegaron surcando el océano a América en barcos mongoles. Las diez tribus alcanzarían América por barcos vía Noruega, habiéndose amalgamado con los escitas (=tataros), de ahí los paralelos "judíos " entre los indios.

Incidentalmente, Dr. Samuel L. Mitchell, sin duda la misma persona visitada por Martin Harris, es uno de los "anticuarios" cuyas opiniones se resumen respecto al origen de los indios; según  Mitchell incluían a viajeros transoceánicos malayos, tártaros y escandinavos.También, véase un ejemplar del  Portsmouth Journal (New Hampshire) del 1 de Noviembre de 1834, que informaba, obviamente sobre la base de algún periódico urbano, la vaga información de expediciones a México en 1786, 1805, y 1807 que habían producido dibujos y descripciones detalladas de antiguos monumentos; sin embargo, habían permanecido en los portafolios del Museo Mexicano hasta 1828, cuando  "M. Abbebaradere, erudito francés," se posesionó de ellos. Planeaba publicarlos en  Paris. Los descubrimientos incluían "antiguos ídolos de granito,... pirámides, sepulcros subterráneos ,... colosales bajorrelieves en granito o estuco, signos del zodíaco, jeroglíficos diferentes de los de Egipto," etc. Pero tal publicación nunca se editó, ni hubo volumen parecido hasta la obra de Stephens. El volumen sobre México apareció en su edición inglesa en 1817 en Filadelfia, pero era principalmente una descripción de los aztecas que aportaba poca información histórica. La edición inglesa de la obra de Humboldt  Vues des cordilleras [Vues des Cordillères et monuments des peuples indigènes de l'Amérique] salió a la luz en Londres en 1814, pero no pudo haber informado a Smith poco más que fragmentos de hecho sobre la civilización mesoamericana. El volúmen de Priest de 1833,quien tenía mejores recursos bibliotecarios y destrezas eruditas que Smith, no cita ni a Clavigero ni a  Humboldt.

 Sobre lo que José Smith pudo haber pergeñado basándose en publicaciones disponibles antes de 1830, véase la página de Michael Griffith "The Book of Mormon--Ancient Or Modern? Could Joseph Smith Have Written The Nephite Record?" (Para detalles de lo que José Smith pudo haber tomado de Alexander von Humboldt, véase, "The Book of Mormon and the Writings of Alexander von Humboldt.")
El elemento básico del lenguaje escrito también merece consideración. El Libro de Mormón describe a un pueblo que guardó y atesoró escritos sagrados, que registró su propia historia, que tuvo sacerdotes y profetas y libros de escritura y profecía, y que utilizaban el lenguaje en las relaciones comerciales. Nada de esto había en los indios americanos del área de José Smith. Actualmente sabemos que los mesoamericanos habían escrito de antiguo, pero esto no era de conocimiento común en el tiempo de José Smith. De hecho, sólo en las últimas décadas se ha llegado a entender y aceptar gracias a muchos eruditos e investigadores. Proponer que los antiguos indios americanos tenián una cultura tan avanzada como poseer una gran tradición de registros y literatura escritas no tenía en modo alguno fundamento--algo de lo que el mundo se mofaría en 1830. Pero de nuevo el paso del tiempo ha vindicado a José Smith.
Respecto del desarrollo del aprecio de los eruditos del lenguaje escrito en la antigua Mesoamérica, considérese la obra de Linda Schele, tal como se dio en su obituario en el  New York Times, del 22 de Abril  de 1998 por  Robert Thomas, Jr. He aquí unos fragmentos:

Linda Schele, profesora de arte que hizo una decisiva visita vacacional a México que cambió su vida de arriba abajo y ayudó a revolucionar la erudición maya, murió el sábado en un hospital cerca de su hogar en Austin, Texas. Tenía 55 años y era universalmente conocida por su labor pionera de descifrar las inscripciones de los monumentos mayas. . . .

La Dra. Schele (SHE-lee) estaba más o menos estudiando arte en la Universidad del Sur de Alabama en Mobile cuando su marido, arquitecto formado en Cincinnati que estaba grandemente fascinado por arquitectura precolombina, sugirió que la pareja pasara sus vacaciones navideñas de 1970 a visitar las ruinas mayas de México. . . .
Mientras los viajeros empezaban su tour, se les persuadió a hacer una ligera desviación de su itinerario a pasar dos horas en las ruinas de la oscura ciudad maya de Palenque.
Cuando llegaron allí , la Dra. Schele estuvo tan prendida de la belleza del lugar y tan embelesada por los eruditos que allí encontró que la visita de dos horas la amplió a 12 días. Al regresar a Mobile ya inició una nueva etapa en su vida.
Permaneció en el Sur de Alabama hasta que obtuvo el doctorado en estudios latinoamericanos de la Universidad de Texas y se convirtió allí en profesora de arte en 1981 pero la  Dra. Schele pasó virtualmente su vida en Palenque y otros lugares mayas.
Aunque a los mayas, que florecieron entre el 200 y 900, se les haya reconocido por su obra científica en diseñar un calendario basado en observaciones astronómicas avanzadas, se les ha desestimado como una clase de idiotas salvajes, nación analfabeta de ocio e indolentes astrólogos que invirtieron todos sus recursos matemáticos e intelectuales para medir el tiempo También se les ha visto como como un pueblo felizmente pacífico, cuyas ciudades de fábula rechazaban fortificaciones rudimentarias A causa de los abundantes glifos y esculturas los eruditos asumieron que se trataban de varios símbolos religiosos o notaciones arcanas del movimiento de los planetas.
Ha persisitido la idea, a pesar de que un sacerdote español del siglo XVI había hecho un trabajo largamente ignorado que sugería que los glifos constituían un idioma actual y a pesar de una avalancha de trabajos recientes ridiculizadas por los eruditos, incluso habían resuelto la sintaxis del idioma en el que los glifos representaban sílabas que formaban palabras complejas.
Fue en una reunión de eruditos en Palenque en 1973 que la  Dra. Schele surgió como el líder de la escuela revisionista de la erudición maya. Cuando sugirió que ella y un estudiante de la Universidad de Calgary, llamado Peter Matthews, iban a traducir las inscripciones de los monumentos de Palenque, tomó a la pareja  solamente tres horas descubrir que las inscripciones proveían la historia increiblemente detallada de la dinastía de Palenque.
En los doce años siguientes la Dra. Schele y otros descifraron en interpretaron inscripciones por todo el dominio maya, pero no fue hasta 1986, cuando la Dra. Schele ayudó a organizar una exhibición en el Museo de Arte de Kimbell en Fort Worth, Texas, donde dio a conocer al mundo las implicaciones del trabajo: Lejos de ser un pueblo etéreo y pacífico, los mayas fueron una nación guerrera que torturaba y a menudo sacrificaba a sus cautivos, cuyos nobles  participaban en rituales sangrientos para aplacar a sus dioses, [etc.].
Era un erudito que compartió generosamente su propia investigación y que organizó conferencias anyuales y se convirtió en el foco de la investigación maya. La Dra. Schele colaboró en una serie de kibros importantes, entre ellos "The Blood of Kings" (1986, Braziller), "A Forest of Kings" (1990, Morrow), "Maya Cosmos" (1993) y "The Code of Kings" (1998.)
En años recientes la mujer que ayudó a descifrar y descubrir la historia de la que fue una vez una poderosa civilización, ha organizado seminarios para enseñar a los descendientes de los mayas cómo leer el idioma de sus antepasados.
De nuevo resaltemos que fue sólo en las últimas décadas que los eruditos reconocieron la existencia y significado de escritos antiguos entre los precolombinos y sistemas de escritura sólo se encuentra en el área territorial del Libro de Mormón. ¿Fue José Smith tan increiblemente afortunado que lo que parecía un estúpido fraude en 1830, sería validado en nuestro tiempo?
De entre las muchas áreas que muestran paralelos con el Libro de Mormón, consideren el sistema de justicia mesoamericana. John Sorenson explica (Images of Ancient America: Visualizing Book of Mormon Life, (Provo, Utah: Research Press, 1998), p. 116):

Una de los principales deberes de un gobernante era resolver disputas entre su pueblo. A veces podía hacerlo personalmente pero en una numerosa población no podrían tener tiempo para tratar todos los conflictos. Se delegaba a los jueces para realizar ese deber.

Por ejemplo, Cortés describió la situación en el mercado principal de la capital azteca: "Existía en esta plaza un gran edificio, a semejanza de Tribunal de Justicia, donde siempre había diez o doce personas sentadas como jueces y emitiendo sus decisiones sobre todos los casos que surgían en los mercados." [Fernando Cortés: His Five Letters of Relation to the Emperor Charles V, ed. and transl. Francis A. MacNutt (Glorieta, New Mexico: Rio Grande Press, 1977) 1:259] En las asambleas públicas los españoles observaron a los oficiales de policía indígenas con porras de madera de pino para restablecer el orden si lo requiriera hacer por orden de las autoridades.
También se mencionan a policías y a jueces en un sistema legal en varios contextos del Libro de Mormón, pero habría sido otra la experiencia de José Smith con las tribus indias locales. (Las sociedades mesoamericanas también tenían prisiones, como enseña el Libro de Mormón.) Adscribir tales elementos elevados de civilización a pueblos vistos como salvajes habría sido notablemente insensato, pero tales elementos no se conocían en América, y de nuevo Mesoamérica es el lugar físico donde se alinea la geografía física con la del Libro de Mormón.
El papel de los antiguos comerciantes en la Mesoamérica antigua también es consistente con el Libro de Mormón, donde leemos de numerosos mercaderes en 3 Nefi 6:11, en un contexto que se les relacionaba con las clases altas, riqueza, y contenciones:

10 Pero aconteció que en el año veintinueve empezaron a surgir algunas disputas entre los del pueblo; y algunos se ensalzaron hasta el orgullo y la jactancia, por razón de sus sumamente grandes riquezas, sí, al grado de causar grandes persecuciones;




11 porque había muchos comerciantes en la tierra, y también muchos abogados y muchos oficiales.



12 Y empezó el pueblo a distinguirse por clases, según sus ariquezas y sus oportunidades para instruirse; sí, algunos eran ignorantes a causa de su pobreza, y otros recibían abundante instrucción por motivo de sus riquezas.

Esto era inconsistente con lo que José Smith pudiera conocer de las tribus indias de su entorno pero totalmente plausible en Mesoamérica antigua. La Dra. Mary Miller y el Dr. Karl Taube analizan a los mercaderes en An Illustrated Dictionary of the Gods and Symbols of Ancient Mexico and the Maya (New York: Thames and Hudson, 1993, p. 112):



En la sociedad azteca los mercaderes o pochteca como se les llamaba, mantenían un mercado muy especial en el que funcionaban como emisarios, embajadores, espías, y guerreros--no simplemente como comerciantes. . .
A causa del papel que los mercaderes jugaron en la expansión del dominio mercantil  del imperio azteca, recibieron honores especiales. Motecuhzoma II trajo a los pochteca a su corte y los trató como si pertenecieran a la nobleza.
Se relaciona la importancia de los mercaderes al significado de grandes mercados que existieron como elementos distintivos de Mesoamérica, también consistentes con el Libro de Mormón, pero no partícipes de lo que José Smith podría haber conocido de los indios americanos.
José Smith no pudo haber inventado los numerosos paralelos de prácticas y cultura de la antigua  Mesoamérica con lo que aparece en el Libro de Mormón, basándose en lo que pudo haber conocido. Y ciertamente la consistencia geográfica y la plausibilidad con Mesoamérica no pudo haber sido producto de una invención en 1830. Para la mayoría de los estudiantes del Libro de Mormón sus conexiones mesoamericanas en el Libro de Mormón demandan mayor atención que la que hasta ahora ha recibido.

Algún crítico recientemente insistió que la información acerca de la antigua civilización mesoamericana era de conocimiento común en la época de José Smith. Es cierto que el relato general de la conquista española era extensamenet conocida y varios eruditos como Humboldt habían escrito acerca de Mesoamérica, pero el concepto de civilización avanzada y grandes ciudades np parece haber sido parte integral del conocimiento de las masas.
Una visión adicional al estado del conocimiento anterior al popular libro de Stephens proviene de  una recensión de la obra de Stephens de 1841 encontrada en The North American Review, Vol. 53, 1841, publicado por James Monroe and Company, Boston, disponible online a través de Making of America section of the Cornell University Library.
La recensión empieza en página 479 de la publicación. Cerca del comienzo de la recensión en la página 480, se puede leer este comentario respecto de los antiguos mesoamericanos y del "enigma de su historia":

Los recientes descubrimientos en América Central han atraído nueva atención a estas cuestiones. Aún no ha llegado el momento de construir una nueva teoría. Los materiales son aún demasiado escasos. Pero se acumulan en gran riqueza; y ninguna parte del mundo tiene la mirada del investigador histórico con el interés más intenso que esa región, tan poco se pesaba de él como si no existiese, ahora conocido por ser tan fructífero en maravillas.

Ahora fíjense en la página 489:


Podría ser del todo increíble, si no se nos mostrara ser rigurosamente cierto, que en las selvas vírgenes de América Central se descubrieron grandes conjuntos arquitectónicos con complicadas decoraciones talladas en dura piedra que, tan diferente como su estilo, se podrían calificar sin extravagancia dignos de las mejores eras del arte europeo. Los "inmensos edificios o terrazas y estructuras piramidales, sublimes y en buen estado de conservación, ricamente ormnamentados," se asombra Mr. Stephens en su primera aproximación "en imágenes que por su efecto son casi iguales a las ruinas de Tebas."

Se cita a Stephens en la página 490 cuando describe la experiencia de contemplar a una de las antiguas ciudades:


No hay rudeza ni barbarie en el diseño  o en las proporciones; al  contrario, el conjunto tiene un aire de simetría arquitectónica y de grandeza; y al igual que el extraño asciende los peldaños e invita a un ojo civilizado a contemplar sus puertas abiertas y desoladas, es difícil creer que ve delante de él la obra de una raza cuyo epitafio, escrito por los historiadores, se les llamara ignorantes en el arte, y qaue hubieran perecido en la rudeza de la vida salvaje.

Stephens desafía en su época al conocimiento de los indios americanos, mostrando que la evidencia arquitectónica se dirige a un pueblo antiguo que no eran ni salvajes ni bárbaros.
Véanse tambíen las  páginas 491 y 492, donde se lee una ilustración sorprendente de la ignorancia de la época. El recensor cita una pasaje del diario competidor que arguye de la ignorancia de hombres de estudio y el público británico al anotar cómo es que otros documentaron ya habían documentado algunos nuevos descubrimientos (". . . se puede aducir una extraordinaria ignorancia entre los hombres de ciencia y de literatura en general de las inmensas fuentes de información que se han excluido a causa de la voluminosa pedantería empleada sobre la materia. . . . Esta circunstancia es suficiente para mostrar que el tema, a diferencia de las antigüedades egipcias, es comparativamente nueva para el público lector británico."), pero el recensor apunta después que esto es de hecho un serio error y que el reportaje de Stephens de Copan parece ser el primero - lo cual refuerza el caso de la falta de conocimiento generalizado de Mesoamerica en ese tiempo, incluso entre los instruidos.

miércoles, 12 de enero de 2011

La antigua práctica de ocultar registros sagrados


Práctica antigua fuertemente establecida

Las cosas "ridículas" que los críticos del Libro de Mormón se mofan hoy en día, eran aún más ridículas en el tiempo de José Smith. Despúes de todo, cuando un joven granjero de limitada formación en la frontera americana anunciaba a fines de la década de 1820 que un ángel le había dirigido a una antiguas planchas de oro, ocultas en una caja de piedra enterradas en una colina, y que las había traducido por el poder de Dios, ¿qué podría ser más extraño?¿Quién habría oido de tal cosa, documentos antiguos sobre planchas de metal enterradas durante siglos en una caja de piedra? Mientras que había algunas publicaciones anteriores a 1830, Biblia incluida, que mencionaban escritos antiguos en metal (véase la entrada de 2009 en el blog Mormanity titulado "Those Implausible Plates" y para más información en  Book of Mormon Nugget #25), para la típica persona de ese tiempo la historia de un libro sagrado escrito en planchas  de oro era extravagante. Consideren la respuesta normal de un prominente crítico antimormón, el Reverendo Martin Thomas Lamb, a fines del siglo XIX: "Nunca ha habido registros de planchas de oro o de cualquiera otra de metal en la antigüedad" [M.T. Lamb, The Golden Bible, or, the Book of Mormon: Is It from God? (New York: Ward & Drummond, 1887), p. 11]. Pero como el siglo XIX tenía poco conocimiento de la Edad Antigua, ahora los descubrimientos modernos están ampliando enormemente nuestro conocimiento del mundo antiguo.


Lo que antes era risible en 1830 ha llegado a ser más plausible hoy, ahora que se conocen numerosos ejemplos de antiguos registros sagrados que se enterraron y preservaron para el futuro, incluyendo registros escritos sobre planchas de metal enterradas en cajas de piedra  sobre un firme cimiento con otras prácticas antiguas. Casi todo acerca del origen del Libro de Mormón es completamente anómalo y ridículo en el contexto de la época de José Smith (al menos para el típico americano, y tampoco para el erudito que no admitía ninguna credibilidad a los elementos de la historia como la existencia de escritos antiguos escritos sobre planchas), pero notablemente coherente con escritos y prácticas del mundo antiguo que José Smith no podía conocer, y que se conocen mucho mejor en la actualidad. Si fuere un fraude, ¿cómo justificaría darnos una historia que se convertiría altamente plausible con lo que se conoce actualmente del mundo antiguo?

La idea general de antiguas comunidades religiosas que preservan y esconden registros sagrados para las futuras generaciones parecía  menos que ridículo después del hallazgo de los Rollos del Mar Muerto. La comunidad de Qumran se preocupó cuidadosamente de "embalsamar" sus registros antes de que fuesen enterrados, con la finalidad de preservar ocultos sus registros sagrados para las generaciones futuras. H. Curtis Wright, en "Metal Documents in Stone Boxes," en John M. Lundquist y Stephen R. Ricks, eds., By Study and Also by Faith, Vol. 1 (Salt Lake City: Deseret Book, 1990), pp. 273-334, detalla las prácticas antiguas de esconder y preservar documentos, incluyendo bibliotecas enteras de documentos enterrados.. Ejemplo digno de mencionar de Qumram es el Rollo de Cobre (3Q15), que provee una lista de tesoros del templo. Como William Hamblin apunta, "es un claro ejemplo de querer preservar un importante registro sagrado al escribirlo sobre planchas de cobre/bronce (Heb. nechushah) y luego ocultar el documento" ("Sacred Writing on Bronze Plates in the Ancient Mediterranean," FARMS Paper HAM-94, FARMS, Provo, Utah, 1994).

Wright documenta el uso de metales para escribir en el antiguo Oriente Medio y entre los griegos. Los romanos también tienen ejemplos de escritos preservados sobre tablillas de metal, tales como las descubiertas en Pyrgi, al norte de Roma, donde se encontraron hojas de oro y una bronce con inscripciones entre dos templos, donde se colocaron cuidadosamente los grabados para preservarlos. La fotografía encima del texto muestra dichos registros. Cyrus Gordon observa que estas inscripciones se escribieron en fenicio y etrusco, y eran una herramienta valorable en descifrar el etrusco (Cyrus H. Gordon, o la de 1933 en Pesépolis de cajas de piedra con planchas cuadradas de oro y plata sobre un cimiento, debajo de las esquinas de una construcción. Las planchas se depositaron probablente hacia 516-515 antes de Cristo, y estaban en perfecto estado cuando se hallaron 2.500 años después
.
Se podrían citar más ejemplos de inscripciones escritas sobre metal y documentos en cajas. Wright se detiene detenidamente en la documentación de tres reyes neosumerios y nueve gobernantes de los siglos XIX al VII antes de Cristo.

Uno de los primeros ejemplos del antiguo sistema de escritura de los hititas se descubrió en inscripciones sobre rollos de plomo en Assur (Cyrus H. Gordon, Forgotten Scripts, New York: Basic Books, 1968, p. 88). Curiosamente se escribieron versiones del hitita tanto en escritura cuneiforme como en jeroglíficos (Gordon, p. 95). Sellos reales (hacia 1400-1200 antes de Cristo) se "escribieron en jeroglíficos, a veces acompañado de una versión cuneiforme" (Gordon, p. 95). El antiguo idioma aparece, por tanto, de dos formas diferentes, y es análogo a la práctica posterior de la escritura hebrea no sólo en su forma alfabética original sino también las de una "egipcio reformado", versión mantenida como segundo sistema en el Libro de Mormón.


Existe una fuente que se debería considerar por cualquiera que quiera comprender la relación entre el Libro de Mormón y antiguas prácticas referentes a escribir sobre metal, preservar registros sagrados y otras prácticas respecto de documentos atesorados. Es la de John A. Tvedtnes, The Book of Mormon and Other Hidden Books (Provo, Utah: Foundation for Ancient Research and Mormon Studies, 2000). Este libro de 266 páginas explora y documenta numerosas prácticas antiguas que muestran que el relato de José Smith del surgimiento del Libro de Mormón se asienta sobre fundamentos notablemete sólidos, si no sagrados. Tvedtnes demuestra a través de la erudición, al explorar numerosas prácticas antiguas coherentes con el Libro de Mormón, el concepto de registros ocultos o escondidos, libros sellados, almacenamiento de registros en cajas, depósitos en montañas, etc..

En su capítulo, "Hiding Records in Stone Boxes," Tvedtnes analiza muchos ejemplos de interés para los estudiosos del Libro de Mormón. Incluyen una caja de granito en Alejandría (Egipto), que contenía escritos de un autor griego, un rollo encontrado en una caja de piedra en el Peloponeso occidental,  un cajón de mármol en Mesenia (Grecia) que un arqueólogo sugirió que podría haber sido una biblioteca, y documnentos de una grafía desconocida de una antigua caja de piedra dentro de una tumba (El gobierno jordano adquirió los documentos en 1970) (véase Tvedtnes, pp. 38-39). Tvedtnes también sondea el vínculo entre el  Apocalipsis de Pablo, cuyo prefacio dice que se decubrió en el siglo IV en una caja de piedra enterrada bajo una casa en Tarso, descubierta cuando un joven siguió las instrucciones que recibió de un ángel (véase el análisis de la versión siria, pp. 99-100 y el apéndice, "The Book of Mormon and the Apocalypse of Paul," de Steven W. Booras, pp. 183-194, que observa que el documento se  "inscribió" según una fuente, posiblemente respecto a escribirse en planchas de metal).

También se menciona la escritura sobre metal en una tradición árabe. Según Tvedtnes (p. 150):



Tradiciones árabes también hablan de documentos escritos en planchas de metal. El historiador del siglo XI al-Tha'labi escribió acerca de un libro enviado a David del cielo. El libró se sellló con oro y contenía treinta preguntas dirigidas a Salomón.19 Al-Tha'labi también mencionaba tablillas de oro que contenían la historia de un imperio desaparecido. Estas tablillas se encontraron en una cueva en la región de Hadramaut.20 Alrededor del 1226, el escritor árabe  Idrisi observó una expedición de búsqueda de tesoros pocos años antes en el que un grupo de árabes excavaron en la pirámide de Micerino en Giza, Egipto. Después de seis meses de ardua labor, descubrieron los restos descompuestos de un hombre con algunas placas de oro inscritas en un idioma que nadie entendía. Se tomaron las placas por su contenido en oro, sugiriendo que fueron luego fundidas.21
Se han encontrado antiguas planchas inscritas de oro, plata, cobre, y latón en diversos lugares como  China, Java, Thailandia, India, Pakistan, Portugal, España, Italia, Grecia, Marruecos, Turquía, Iran, Líbano, Creta, y Corea.  Franklin S. Harris Jr. recopiló y publicó en 1957 una lista de sesenta y dos descubrimientos en los lugares mencionados.22

Notas de esta sección:
19. Véase al-Tha'labi, Qisas 'al-'Anbiya'> (Cairo: Mustafa al-Babi al-Halabi wa-Awladuhu, A. H., 1340), 202.



20. Véase también., 102. Hugh Nibley fue el primero en brindar esta información  a la atención de los lectores SUD. Gracias a  Brian Hauglid por confirmar detalles del rtelato del texto árabe.



21. El relato lo cuenta Ernest A. Wallis Budge, The Book of the Dead (New Hyde Park, N.Y: University Books, 1960), 15 n. 5. [In my 1967 Dover Books edition of Budge, the story is found on p. xix, n. 3 - J.L.]



22. Véase Franklin S. Harris Jr., "Others Kept Records on Metal Plates, Too," Instructor, October 1957, 318-21. Reimpresa la lista en un folleto titulado "Gold Plates Used Anciently" (Salt Lake City: The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 1963); and in Mark E. Petersen, Those Gold Plates! (Salt Lake City: Bookcraft, 1979), 4-5. See also Paul R. Cheesman, Ancient Writing on Metal Plates (Bountiful, Utah: Horizon, 1985); and his "Ancient Writing on Metal Plates," Ensign, October 1979, 42-47.
Para una foto de un antiguo escrito sobre planchas de oro de la era Goryeo en Corea (918-1392), véase http://www.kcaf.or.kr/ehome3/english/misul/k6.htm.

También existen indicios em leyendas de los indios mesoamericanos referente a escritos sagrados ocultos. En un caso, un indio otomí enseñó  a un fraile español acerca de un libro sagrado que había sido enterrado,el cual supuestamente hablaba de Dios y de Cristo (véase Peter De Roo, America Before Columbus (New York: Lippincott, 1900, pp. 224-225, citado por Paul R. Cheesman, Ancient Writing on Metal Plates: Archaeological Findings Support Mormon Claims (Bountiful, Utah: Horizon, 1985), p. 52, citado por Tvedtnes. p. 22). Los indios mayas también tenían una tradición de un "Libro Dorado" que se había ocultado y escrito sobre cincuenta y dos planchas de oro (véase Hyatt Verril, America's Ancient Civilizations (New York: B.P. Putnam's Sons, 1953), pp. 23,42, citado por Cheesman, p. 53, en Tvedtnes, p. 22).


Finalmente, cito algunos fragmentos de Tvedtnes (pp. 23-24), que aporta algunos ejemplos:



Están bien atestiguados ejemplos de registros de metal enterrados en tumbas. El antiguo escritor griego Plutarco dijo que cuando se excavó la tumba de Alcmenes, madre de Hércules, se encontró una placa de bronce con una inscripción que se asemejaba a la escritura egipcia (véase Moralia, "De Genio Socratis," 577E-F).54 De forma similar, Agesilao de Esparta, al abrir una tumba en Haliartos, encontró una tablilla de bronce con inscripciones.55 Las nueve planchas de oro del Orfismo se enterraron en cofres como guías para los muertos,56 y los fenicios, siguiendo una práctica egipcia, escribieron cartas a los muertos en pequeños rollos de delgadas hojas de plomo. Estos rollos se depositaron en la tumba por aberturas diseñadas para ese propósito.57


En 1980 arqueólogos abrieron una antigua tumba adyacente a la Iglesia Presbiteriana Escocesa de San Andrés en Jerusalén. Allí descubrieron dos pequeñas tiras de plata enrolladas con una inscripción hebrea. Los paleógrafos dataron la inscripción a finales del siglo VII antes de Cristo, la época de Lehi. Ambas planchas incluían citas de las bendiciones sacerdotales de Números 6:24-26.58 [Véase el artículo relacionado, "Oldest Scrolls Ever Found" de ChristianNewsToday.com.]



Notas de pie de pie de página para esta sección:

54. Agradecimientos a William J. Hamblin por esta información. Véase su artículo "Sacred Writings on Bronze Plates in the Ancient Mediterranean" (FARMS, 1994), 13.



55. Véase Lillian H. Jeffery, The Local Scripts of Archaic Greece
(Oxford: Clarendon, 1963), 55-56, citado por Wright, "Ancient Burials
of Metal Documents," 278.



56. Véase William K. C. Guthrie, Orpheus and Greek Religion: A
Study of the Orphic Movement
(New York: Norton, 1966), 176, pl.
8-10, citado por Wright, "Ancient Burials of Metal Documents," 279.
Véase también el análisis en C. Wilfred Griggs, "The Book of Mormon
as an Ancient Book," BYU Studies 22/3 (1982), 259.




57. Véase Ernest A. Wallis Budge, Amulets and Superstitions
(London: Oxford University Press, 1930), 253.



58. Los hallazgos reportados por Gabriel Barkay, "The Divine
Name Found in Jerusalem," Biblical Archaeology Review 9/2 (1983):
14-19, y "Priestly Blessings on Silver Plates" (en hebreo),
Cathedra 52 (1989): 46-59. Se analizan los descubrimientos en William J. Adams Jr., "Lehi's Jerusalem and Writing on Metal Plates," Journal of Book of Mormon Studies 3/1 (1994): 204-6; "More on the Silver Plates from Lehi's Jerusalem," Journal of Book of Mormon Studies 4/2 (1995): 136-37. Véase el análisis del descubrimietnto en el artículo de John Gee y John A. Tvedtnes, "Ancient Manuscripts Fit Book of Mormon Pattern,"  Insights, February 1999.
Tampoco ha escapado a dos eruditos no SUD los paralelismos entre el Libro de Mormón y el mundo antiguo. El eminente erudito judío Raphael Patai, al analizar una referencia del Libro de Abraham  de ser  "delgadas cortezas" con una cubierta de cobre, observa:

La idea de que originalmente los textos sagrados se inscribieran en placas de metal aparece en la greencia mormona de que el Libro de  Mormón se reveló inscrita en planchas  de oro. De hecho se conservaron y preservaron documentos importantes en placas de metal en cajas de piedra o de mármol en Mesopotamia, Egipto, etc.

Raphael Patai, The Jewish Alchemists (Princeton, N.J.: Princeton University Press, 1994), p. 573 n. 19, citado por Tvedtnes, op. cit., p. 19.)
¿Podría José Smith haber conocido en 1830 que su historia de registros sagrados sellados sobre delgadas  planchas de metal, preservadas en una caja de piedra y enterradas podría ser en un tiempo futuro revalidado por muchos hallazgos significativos del mundo antiguo? Puesto que fue un profeta, supongo que sí.

 
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jueves, 30 de septiembre de 2010

El cemento

La cita que aparece en el libro de Helamán acerca del uso del cemento produce asombro y desconcierto entre aquellos que no son miembros de la Iglesia de Jesucristo, calificándolo como menos de anacronismo. La cita es la siguiente:



"Y no había sino muy poca madera sobre la superficie de la tierra, por lo que la gente que fue allá se volvió sumamente experta en obras de cemento; por tanto, construyeron casas de cemento en las cuales habitaron.
Y los que se hallaban en la tierra del norte vivían en tiendas y en casas de cemento, y dejaban crecer cuanto árbol brotara de la faz de la tierra, para que en lo sucesivo tuvieran madera para construir sus casas, sí, sus ciudades, y sus templos, y sus sinagogas, y sus santuarios, y toda clase de edificios. 
Y así habilitaron a la gente de la tierra del norte para que edificasen muchas ciudades, tanto de madera como de cemento.  " (Helamán 3:7,9,11)

José Smith cuando desenterró las planchas de oro que le mostró Moroni en una visión, relató lo siguiente:

"Habiendo quitado la tierra, conseguí una palanca que logré introducir debajo de la orilla de la piedra, y con un ligero esfuerzo la levanté. Miré dentro de la caja, y efectivamente vi allí las planchas, el Urim y Tumim y el pectoral, como lo había dicho el mensajero. La caja en que se hallaban estaba hecha de piedras, colocadas en una especie de cemento. En el fondo de la caja había dos piedras puestas transversalmente, y sobre éstas descansaban las planchas y los otros objetos que las acompañaban."

Esta declaración de José Smith  ya indica, antes de traducir las planchas, del modo de construcción de los antiguos nefitas.

En los años ochenta del pasado siglo se publicaron varios artículos y trabajos sobre el modo de trabajar el cemento entre los antiguos mayas en el período clásico (300 - 900), especialmente del uso del hormigón que en muchas ocasiones quedaba oculto bajo la pintura mural. Lo siguiente es una cita del artículo cuya ficha bibliográfica es CABALLERO BARUQUE, F.: "Pirámides, palacios, y templos: Aproximación a la arquitectura de los centros ceremoniales mayas" en REVISTA DE ARQUEOLOGÍA, Año 3 nº22. El texto es copia de la página 26 de dicha publicación:

En la zona central se hormigoneaba por estratos según iban colocándose las cuñas de chapado sobre el encofrado, y en Puuc la cara rugosa del hormigón se le añadía un mortero de agarre sobre el que iban recibidos una chapados muy ligeros, cuyos motivos iban desde la simbólica choza del cuadrángulo de Uxmal o del arco de Labná al puro esteticismo de infinidad de grecas geométricas, pasando por numerosas semblanzas de elementos constructivos como las ataduras de chicozapote.

El hormigón se hacía a partir de una mezcla de árida caliza, agua, y polvo de cemento de cal, elemento que puede calificarse como el mayor logro de la técnica constructiva maya. Sobre una gran cantidad de madera que dejaba algún conducto vertical, quemaban trozos de piedra caliza. El carbonato cálcico con el calor se transformaba en cal viva, a la cual se le echaba agua para apagarla, dejándola convertida en hidróxido cálcico. Éste es mezclado con arena y expuesto al sol, con lo que perdería agua por la evaporación, y ganaría dióxido de carbono del aire.

Además hacían otras muchas mezclas, según el control de las dosificaciones. Mezclándolo con agua y resina de chicozapote obtenían el estuco. Sólo con agua servía como mortero de agarre, y mezclado con hormigón de limpieza y cascajos de grava caliza (sahcab) contituía una excelente base para la cimentación, rellenando con él las áreas de piedra que dividían la superficie del futuro edificio.

Este artículo es la primera evidencia conocida por el autor del blog acerca del uso del hormigón o cemento en las antiguas culturas mesoamericanas.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Leyendas acerca del Dios Blanco

Traducido con el amable permiso de Jeff Lindsay de su página personal http://www.jefflindsay.com/.
Esta entrada está traducida de http://jefflindsay.com/bme9.shtml. Para los Santos de los Últimos Días que hablan español y no conocen el inglés. El primer párrafo recoge una experiencia personal del traductor. El resto es traducción literal de la citada página.


Recuerdo el asombro que me causó en la Universidad en la asignatura de Historia de América, cuando la profesora enseñó que a Cortés se le reverenció como el Dios Blanco  que visitó las Américas y que prometió regresar, y lo más impactante fue que apareció Cortés en el día que en el calendario azteca decía que iba a regresar. Enseguida vi la conexión con el Libro de Mormón.

No todas las leyendas tienen alguna  relación con el Libro de Mormón, pues algunas de ellas las tergiversaron los españoles para sus propios fines. Además, algunos amerindios pudieron usar las leyendas del Dios Blanco para impresionar a sus nuevos señores. Y por eso los críticos acusan: "¿Por qué no existe un retazo de  evidencia que apoye al Libro de Mormón?". Se les respondería con la evidencia más importante de todas: la de una posible visita de Cristo a América, conservada en las leyendas de Mesoamérica, el área del Libro de Mormón. 

Mientras que a algunas leyendas se les ha dado un matiz español, existe razón para creer que los pueblos precolombinos mesoamericanos tenían leyendas coherentes con algunas ideas clave del Libro de Mormón.  Se debe tener precaución al interpretar estos mitos por acusar la influencia española para posiblemente aumentar el deseo de los indígenas de aceptar el cristianismo. Además, se debe enfrentar con la posibilidad de la referencia mesoamericana de Quetzalcoatl como Quetzalcoatl el dios, o a fiel seguidor de Quetzalcoatl, o a Ce Acatl Topiltzin Quetzalcoatl, el héroe cultural. Pero tomando las debidas precauciones, creo que merece la pena revisitar las leyendas y tradiciones de Mesoamérica como testigos  provisionales de la visita de Cristo y la existencia del Evangelio entre los antiguos habitantes de Mesoamérica.

Diane E. Wirth en "The Bearded, White God Is Everywhere - or Is He?", FARMS Review of Books, vol. 12, no. 1, 2000, pp. 9-22, escribe (citando las páginas 12-13):
Aunque es cierto que la leyenda original tiene un "tamiz", el mito del "regreso" puede derivar de una creencia original y genuina entre los indígenas. Uno de sus principales partidarios es David Carrasco de la Universidad Princeton. Carrasco escribe, "Existen referencias en las fuentes de primera mano acerca del esperado regreso de Quetzalcoatl.... Estas referencias sugieren con fuerza que la creencia en el regreso de Quetzalcoatl era una actitud precolombina y no, como algunos han insinuado, inventada por los españoles." [David Carrasco, Quetzalcoatl and the Irony of Empire: Myths and Prophecies in the Aztec Tradition (Chicago: University of Chicago Press, 1982), 192. Véase la página 192 y siguientes para los argumentos y fuentes de Carrasco.] Ahora bien, existe diferencia alguna si los relatos se refieren al regreso del dios Quetzalcoatl o a Ce Acati Topiltzin Quetzalcoatl - el gran héroe cultural? Indirectamente, no. Para la comunidad mesoamericana el pasado, el presente, y el futuro se entretejían. Los rituales a menudo se dramatizaban con el propósito expreso de incluir hechos que ocurrieron en el pasado. Buen ejemplo de esta mentalidad se registra en los Anales de Cuauhtitlan, que se escribieron originalmente en lengua nativa y se registraron en la historia pre-Cortesiana del Valle de México. [Véase John Bierhorst, trans., History and Mythology of the Aztecs: The Codex Chimalpopoca (Tucson: University of Arizona Press, 1992). 10. See ibid., p. 36.] Los Anales cuentan la biografía del héroe cultural Topiltzin Quetzalcoatl quien, según este relato, vivió entre los años 817-95. A su muerte Topiltzin Quetzalcoatl milagrosamente se convirtió en una estrella, el Señor del Amanecer - se convirtió en lo que llamamos el planeta Venus. Fue en ese tiempo que descendió al mundo de los muertos. [ibid., p. 36] No es sino la repetición de lo que se dijo que su dios Quetzalcoatl había hecho; por eso los cuentacuentos pudieron transmitir los hechos del pasado al presente. Se muestra a la deidad Quetzalcoatl claramente en los códices como el planeta Venus  y como el dios que descendió al reino de los muertos. Es cierto que no se puede saber con total certeza si el relato del regreso de Topiltzin Quetzalcoatl también se refiera a la deidad  Quetzalcoatl, pero existe una alta probabilidad de que así lo sea.
Más recientemente, Diane Wirth hizo un detallado análisis de las posibles relaciones entre Quetzalcoatl y Jesucristo en su artículo "Quetzalcoatl, the Maya Maize God, and Jesus Christ" en Journal of Book of Mormon Studies, Vol. 11, No. 1, 2002, tambien disponible en formato PDF o en formato de texto.
Algunos estudiosos de Mesoamérica asocian Quetzalcoatl y temas de la resurrección, como explica John Sorenson en Images of Ancient America: Visualizing Book of Mormon Life (Provo, Utah: Research Press, 1998, p. 230):
El tratamiento más popular de la interpretación salvadora es la de Laurette Séjourné, Burning in Water: Thought and Religion in Ancient Mexico (Berkeley: Shambhala, 1976) quien contempla a Quetzalcoatl como dios en el culto de la resurrección que es mayormente visible en Teotihuacan. Michel Graulich insiste que elementos del mito mexicano que se han considerado frutos de la influencia española cristiana,  representan creencias precolombinas (véase su artículo "Afterlife in Ancient Mexican Thought," en Circumpacifica, Band I: Mittel- und Südamerika, Festschrift für Thomas S. Bartel, ed. Bruno Ilius and Matthias Laubscher [Frankfurt, Peter Lang, 1990], 165-88). Mantiene que las fuentes, cuando se leen correctamente, hablan de una pareja que vivía en el paraíso del que fueron expulsados a causa de transgresión. Fueron rescatados de su estado atroz por el autosacrificio del dios Quetzalcoatl, o el de él o su gemelo, y esto les permite escapar del inframundo y les provee de una comprensión por el cual los hombres y mujeres que emulan sus cualidades, pueden alcanzar el paraíso perdido.
No se debe olvidar que entender lo que realmente creían los pueblos antiguos es muy difícil, especialmente al tratar con la América Antigua de donde se conserva poca documentación escrita. Brant Gardner, erudito SUD, ha examinado las leyendas y fuentes de Quetzalcoatl en profundidad y advierte de que se debe tener mucha precaución en entender cualquier conexión con el Libro de Mormón, a causa de los cambios e interpolaciones de los españoles. Incluso el  "blanco" de la leyenda del Gran Dios Blanco se puede deber a nuestro punto de vista cultural y a pensar anhelosamente en aplicarlo a las leyendas indígenas.

A pesar del grado de incertidumbre, varios escritores SUD sugieren que todavía existen algunos elementos que pueden ser de interés para el Libro de Mormón. Wallace E. Hunt, Jr., en "Moses' Brazen Serpent as It Relates To Serpent Worship in Mesoamerica" (FARMS Journal of Book of Mormon Studies, vol. 2, no. 2, 1993, p. 122) observa la presencia de evidencia que relaciona a Quetzalcoatl con un ser  semejante a Cristo (evidencia que se debe tomar con precaución, preferiblemente después de leer los escritos de Gardener citados más arriba).Según Hunt,
Aunque el origen de Quetzalcoatl se empaña en la oscuridad, las leyendas, los pocos documentos precolombinos existentes en la actualidad, y los primeros documentos después de la conquista contienen abundancia de material de este antiguo y reverenciado dios. Estos relatos son contradictorios y muy ampliamente en los atributos del dios y de cómo se le adoraba debido indudablemente a un milenio de digresiones del concepto original del fin del Libro de Mormón hasta el momento de la conquista. Sin embargo, a pesar de todo este laberinto, descubrimos que los mesoamericanos investían consistentemente a Quetzalcoatl con muchos atributos de Cristo, algunos de los cuales se listan a continuación:
--Quetzalcoatl era el creador de la vida. [1]
--Quetzalcoatl enseñó la virtud. [2]
--Quetzalcoatl era el mayor Señor de todos. [3]
--Quetzalcoatl tenía "larga barba y los rasgos de un hombre blanco." [4]
--Los mesoamericanos creían que Quetzalcoatl regresaría. [5]
Referencias citadsa por Hunt:
1. Roberta H. Markman and Peter Markman, The Flayed God: The Mesoamerican Mythological Tradition (San Francisco: Harper, 1992), 32;véase también Delia Goetz and Sylvanus G. Morley, trans., Popol Vuh (Norman, OK: University of Oklahoma Press, 1975), p. 83.
2. Charles Gallenkamp, The Riddle and Rediscovery of a Lost Civilization: Maya, 3d ed. (New York: Penguin, 1987), p. 166.
3. David Carrasco, Quetzalcoatl and the Irony of Empire (Chicago: University of Chicago Press, 1992), p. 43.
4. T. A. Willard, Kukulcan: The Bearded Conqueror (Los Angeles: Murray and Gee, 1941), p. 159.
5. Bernal Diaz, The Conquest of New Spain, trans. J. M. Cohen (London: Penguin, 1963); véase también Carrasco, Quetzalcoatl and the Irony of Empire, p. 48; y Brian M. Fagan, Kingdoms of Gold: Kingdoms of Jade (New York: Thames and Hudson, 1991), p. 37; y Adrian Recinos y Delia Goetz, The Annals of the Cakchizuels (Norman, OK: University of Oklahoma, 1953), p. 40.
Si estas conexiones son correctas, el análisis de Hunt de la serpiente emplumada como símbolo de Quetzalcoatl en Mesoamerica puede ser de particular interés. Hunt sugiere que este símbolo se puede relacionar con el relato del Antiguo Testamento de la serpiente de bronce que hizo Moisés, que permitía a los israelitas ser sanados de las mordeduras venenosas de las serpientes ardientes que hubo entre ellos (Números 21:6-9, donde al parecer se encontraron estas serpientes cerca del Arabá o Valle de Arabá entre el Sinaí e Israel). El Libro de Mormón indica que eran  "serpientes ardientes voladoras" en 1 Nefi 17:41, afirmación que parece no estar apoyado en el texto bíblico (véase también Alma 33:19-21). Sin embargo, la mención de Isaias de "serpientes ardientes voladoras" en Isaias 14:29 y 30:6 sugiere que pudiera ser lo que los israelitas encontraron en el desierto (aunque las referencias de Isaias para tales criaturas no estén en el contexto del Éxodo). numerosos textos extrabíblicos apuntan a una tradición antigua de que las serpientes que plagaron a los israelitas eran serpientes "voladoras". Citemos de nuevo a Hunt (p. 128-129):
Este uso del término volador en relación con la serpiente de bronce de Moisés se apoya indirectamente por numerosas obras de eruditos modernos. Por ejemplo, Karen Joines observa en su exhaustivo estudio sobre la materia que a la palabra hebrea para serpiente utilizado en Números "se le puede atribuir alas." [6] . . . Henry  también sugiere que las serpientes "volaban hasta sus caras y los empozoñaban." [7] Además, existen relatos aislados de serpientes aladas en esta área del desierto. Joines cita a Heródoto al creer que "este desierto era el refugio para las serpientes voladoras." [8] Bush, aunque no da crédito al concepto, está de acuerdo en que "la idea popular por alguna razón inviste a estas serpientes con alas . . . [y] se supone que se le dio el epíteto volador  de su poder de saltar a una  distancia al ir de árbol en árbol." [9] Acaso el análisis de Auerbach sea la más significativa: la serpiente  "no sólo  se la colocaba sobrer el polo; se le designaría suficientemente por  makkel o sencillamente 'es. Más bien, se relacionó con el 'mástil.' " [10] De esta manera, la serpiente aparecería como una bandera como si estuviera volando. [11] Si de hecho Moisés hubiera extendido su serpiente de bronce y colocado perpendicular a su polo, cumpliría plenamente con la descripción "serpiente ardiente voladora".
De este modo el uso que Nefi hace del término volador (y muy probablemente su uso por otros líderes del Libro de Mormón) se habría trasladado a las creencias religiosas tardías de los mesoamericanos, puesto que se hallan en Mesoamérica aplicaciones del término volador relacionado con las representaciones de su dios como serpiente. Por ejemplo, Carrasco se refiere a la fuente mixteca que contiene relatos en el que refiere a Quetzalcoatl como  el nombre calendárico "9 Ehecatl" o "serpiente voladora." [12] Nicholson informa que los otomíes (coetáneos de los Aztecas,  siendo el idioma otomí el segundo en importancia después del Nahuatl), en una de sus ceremonias en honor de Quetzalcoatl, le atribuye la palabra  antazhoni, que significa  "Gran Volador," a Quetzalcoatl. [13]
Referencias citadas por Hunt:
6. Karen R. Joines, Serpent Symbolism in the Old Testament (Haddonfield, NJ: Haddonfield House, 1974), p. 8. Sturdy también indica que la palabra se traducía a menudo com "serpientes voladoras"; John Sturdy, Numbers (Cambridge, England: Cambridge University, 1976), p. 148.
7. Matthew Henry, An Exposition of the Old and New Testament, 4 vols. (New York: Carter & Bros., 1853), 1:543.
8. Joines, Serpent Symbolism in the Old Testament, 44.
9. George Bush, Notes, Critical and Practical, on the Book of Numbers (Oxford: Oxford University, 1868), p. 313.
10. Elias Auerbach, Moses, traducción de Robert Barchay e Israel Lehman (Detroit: Wayne State University, 1975), p. 137. Bush, Notes, Critical and Practical, on the Book of Numbers, p. 316, también llega a la misma conclusióna. Afirma que "significa apropiadamente el asta de bandera."
11. Consistente con este concepto eran las palabras del profeta maya Chilam Balam de Mani: "El dios resucitado de madera volverá....Nuestro señor viene, Itza! Viene nuestro hermanos mayor, oh hombres de Tantun. Recibid a vuestros invitados, a los hombres barbados, a los hombres del este, los portadores de la señal de Dios, Señor"; Ralph L. Roys, The Book of the Chilam Balam of Chumayel (Norman: University of Oklahoma Press, 1967), p. 167-68.
12. Carrasco, Quetzalcoatl and the Irony of Empire, 28; alsotambién, Sylvanus G. Morley y George W. Brainerd, The Ancient Maya, 4th ed. (Stanford: Stanford University, 1983), p. 470, sugieren que los dos nombres pueden designar al mismo Dios.
13. Henry B. Nicholson, "Religion in Pre-Hispanic Central Mexico," en Gordon F. Ekholm e Ignacio Bernal, eds., Handbook of Middle American Indians, 15 vols. (Austin: University of Texas Press, 1964-76), 10:tabla 4, ejemplo 4.
EL propósito no es averiguar si las serpientes puedan realmente volar, sino si es plausible para el antiguo  profeta hebreo en la época de Nefi hablar de serpientes ardientes "voladoras" en vez de las serpientes ardientes que se conocen en la Biblia. No se sabe cuál sería la fuente del término "volador", quizá alguien utilizara el término "volador" porque las serpientes eran serpientes que se arrastraban por los árboles o cobras con unas aletas de piel a semejanza de "alas" que simularían mantenerlas en vertical (después de todo existen cobras en Egipto), o acaso la palabra "voladora" se debía a algún oscuro giro sobre una palabra hebrea o incluso a un tardío malentendido, o a la leyenda derivada de la creación de la serpiente de bronce por Moisés en un asta. Independientemente de su significado, el hecho es que existen tradiciones antiguas que dan apoyo a que el hebreo antiguo hubiere utilizado la palabra "voladora" pata modificar "serpientes ardientes" encontradas por los hebreos mientras deambulaban por el desierto. El pueblo fue mordido, pero Dios en su misericordia proveyó una cura milagrosa que también sirvió de poderosa herramienta de enseñanza.

Algunos críticos se han reido a carcajadas sobre las "serpientes ardientes voladoras" citadas en el Libro de Mormón. "¿Se supone creer que Dios creó algunas criaturas volantes semejantes a dragones con aliento de fuego? ¿Cómo alguien en su sano juicio puede aceptar tal cuento?" Una pregunta más razonable, raramente contestada por los críticos, es "¿Qué podría significar el texto realemente?" Se ha especulado que las serpientes arbolícolas pudieran ser vistas y descritas como serpientes voladoras y esa idea se tornó más interesante cuando se aprende de que existen serpientes arbolícolas voladoras en Asia. Aunque ciertamente no sean las mismas que las descritas en el Éxodo, su existencia demuestra las denominadas "serpientes voladoras" son posibles. Se puede encontrar información básica sobre estas criaturas con fotos de las serpientes en vuelo en:
Estas serpientes voladoras no viven en la parte del mundo por donde fueron los israelitas. Existen algunas serpientes voladoras en la costa occidental de la India (no se puede descartar la remota posibilidad de que alguna especie relacionada de serpientes dotadas aerodinámicamente pudieron haber existido en Oriente Medio). Más conocidas por serpientes voladoras, no son los suficientemente ponzoñosas como para matar a una persona. Más que las serpientes arbolícolas, una candidata más probable para las serpientes ardientes voladoras de 1 NeFi pudieran ser un miembro de la familia de la mortífera víbora de escama de sierra, según Ronald P. Millett y John P. Pratt en, "What Fiery Flying Serpent Symbolized Christ?," Meridian Magazine, Aug. 9, 2001, online en http://www.meridianmagazine.com/sci_rel/000609serpent.html. Las víboras de escama de sierra viven en la región de Israel y se las conoce por matar a los humanos con un veneno de acción lenta, tienen una picadura ardiente y atacan tan rápidamente que se dice que son "voladoras", pueden saltar cuando atacan, e incluso son de color rojizo que se podrían representar por una serpiente de bronce. Como observan los autores, "un diccionario bíblico explica que la palabra "voladora" aún se utiliza en el árabe moderno para "referir la velocidad con que tales reptiles atacan." [New Bible Dictionary, "Serpent," Tyndall House, 1982, p. 1091] (A las cobras se las representa en el arte egipcio antiguo con alas. Puede verse un ejemplo en la web, Animals and the Gods of Ancient Egypt de Caroline Seawright, donde se muestra una escultura de Wadjet, la diosa cobra, como una cobra con alas y cabeza humana.)











Si José Smith se hubiera inventado el Libro de Mormón, Había estado loco de sacar la idea de que las serpientes que afligieron a los israelitas eran serpientes "voladoras", pero este añadido en el texto del Libro de Mormón lo apoyan varias fuentes antiguas, proveyendo evidencia adicional de que el Libro de Mormón es un texto auténtico, y también muestra una fuente factible para el uso generalizado de las serpientes emplumadas (o voladoras) como símbolo del gran Dios, como la serpiente sobre el asta que Moisés hizo como símbolo del poder sanador y de la Expiación de Cristo.
Y si las leyendas aztecas, mayas y de otros pueblos precolombinos en verdad refieren la visita de Jesús, ¿no se pueden esperar vestigios de rituales cristianos que hayan perdurado a pesar de la gran apostasía y persecución descritas en el Libro de Mormón entre los años 300 y 400 después de Cristo? Un vestigio pudiera ser el bautismo de niños mayores, como seas I  analiza en Questions about LDS Baptism. Los rituales mayas descubiertos por los españoles incluían conceptos de ser renacidos, purificados y preparados para la otra vida, arrepentimiento de los pecados, confesión a un sacerdote, el símbolo de la ropa blanca,  y ser llamados con un nombre que significaría "la descendencia de dios"" Estos notables paralelos con las enseñanzas del Libro de Mormón se pueden deber a las enseñanzas del bautismo que Cristo dio a su pueblo en las Américas, cuando les ministró después de su resurrección(véase 3 Nefi 11).
Otros eruditos descubren paralelismos entre tradiciones mesoamericanas y Jesucristo sin considerar la conexión mormona, pero es interesante que tengan este tipo de consideraciones. Un ejemplo interesante digno de leer y considerar es el artículo de Bruce Lane, "The Making of 'The Tree Of Life,'" en Quaker Theology, Vol. 4, No. 2, Issue 7, Autumn 2002, dispònible en http://www.quaker.org/quest/issue7-4-lane04.htm, en el que observa interesantes paralelismos entre tradiciones mesoamericanas y Jesucristo. Se encuentran en su proyecto de hacer una película acerca del ritual altamente simbólico de los "Voladores"  que consiste en hombres que cuelgan del gran árbol de la vida cuando giran en círculo.  Se dan mayores detalles en http://www.docfilm.com/quakers/makingTOL.html. La siguiente cita de Bruce Lane  se hallan en ambas páginas web mencionadas:
Los sacerdotes españoles trajeron consigo estatuas de un dios blanco barbado en un ejemplar de madera del símbolo de los cuatro vientos. Decían los totonacas que este dios se había sacrificado para que no se necesitara hacer más sacrificios humanos y que lo aceptarían como su dios en lugar de los demás. Debido a que Quetzalcoatl, representado como blanco y barbado, había profetizado su regreso en el año en que llegó Cortés, mi suposición es que los totonacas identificaron la imagen del Cristo blanco y barbado como  Quetzalcoatl. Quizá no haya manera de probar o desaprobar esta hipótesis, pero existe la evidencia circunstancial. El modelo de los  Voladores de Huehuetla es San Salvador, el Cristo resucitado --  manifestación lógica del regreso de Quetzalcoatl. Y puesto que Cortés y sus hombres afirmaron ser los seguidores de Quetzalcoatl, tendría sentido que los Voladores se vistieran a la europea. Análogamente, el Árbol Floreciente se podría identificar fácilmente con el Árbol de la Vida, el árbol de las Cuatro Direcciones al cual el segundo Quetzalcoatl sería clavado. Esta explicación parecer relacionarse con las transformaciones simbólicas en el ritual de los  Voladores. Finalmente, y acaso lo más extraño de todo, Cristo fue de hecho la respuesta mitológica perfecta al problema mesoamericano:  el dios que se sacrificaba para terminar con todos los sacrificios.
Además de explicar el ritual Volador ritual, para mí esta interpretación me creó por primera vez una sensación fuera de la, por otro lado desconcertante idea central de la teología cristiana: que Cristo se ofreció a si  mismo como sacrificio para expiar los pecados de la humanidad. Pero también suscita nuevas preguntas que estoy tratando de contestar. ¿Cómo podría una teología nacida en Oriente "resolver" un problema mítico en el otro hemisferio del mundo? Descartando la fantasía mormona de una tribu perdida, seguramente la respuesta debe residir en una concepción foránea del papel del sacrificio humano en el desarrollo de las sociedades humanas. ¿Por qué fue el sacrificio humano tan extendido y por qué parece suceder en sociedades agrícolas antiguas?
El autor, a pesar de la impresionante bibliografía y la intensa investigación en las tradiciones mesoamericanas para su proyecto de filmar la película, desechó las posibles relaciones entre el Libro de Mormón y las leyendas mesoamericanas. Tales relaciones quizá no sean tan extendidas como quisiera y acaso algunos aspectos del tema se hayan tratado con sensacionalismo en el pasado o sean productos accidentales de la influencia española. Pero aún así, ahí queda una auténtica posibilidad de una conexión real entre el Libro de Mormón y las antiguas leyendas de Quetzalcoatl y demás figuras semejantes a Cristo en  la América antigua.